Pedir ayuda profesional en psicología es necesario cuando una persona enfrenta problemas que afectan negativamente su vida diaria, generando malestar y deterioro en diversas áreas de funcionamiento de manera constante.
La ayuda psicológica no es necesaria de forma permanente, sino que se busca como una solución temporal. El objetivo es que la persona adquiera herramientas para manejar y resolver el problema de manera autónoma e independiente.
Algunos signos de alarma que indican la necesidad de buscar ayuda psicológica incluyen: experimentar un gran malestar y sufrimiento en relación con pensamientos, emociones o comportamientos, sentirse desbordado y sin recursos para afrontar la situación, enfrentar problemas significativos en diferentes áreas de la vida, experimentar síntomas que afectan la calidad de vida (como insomnio, pérdida de interés, tensión constante), recibir sugerencias de personas cercanas para buscar ayuda y recurrir a conductas de evasión o autodestructivas como forma de afrontamiento.
Además, es posible que se presenten señales como la sensación de perder el control, irritabilidad inusual o cambios notables en el estado de ánimo, que afectan las relaciones interpersonales. En tales casos, es recomendable buscar apoyo profesional para abordar adecuadamente estas dificultades.
Según el código deontológico de la psicología, se establece el principio de confidencialidad como una parte fundamental de la relación terapéutica. En general, todo lo que se explica en terapia se considera confidencial y está protegido por el deber del psicólogo de salvaguardar la privacidad de sus pacientes.
El psicólogo tiene la responsabilidad de garantizar la confidencialidad de la información revelada durante las sesiones de terapia, a menos que exista un riesgo inminente para la vida o la seguridad del paciente o de otros o cuando haya alguna excepción legal. En tales casos, el psicólogo puede estar obligado a realizar una divulgación limitada con el propósito de proteger a las personas involucradas.
Sin embargo, en general, el principio de confidencialidad guía la práctica de la psicología y promueve un entorno seguro y de confianza para los pacientes.
El EMDR es una terapia altamente efectiva y con resultados duraderos para superar experiencias traumáticas. Ha demostrado su eficacia en diversos casos, como:
Además, el EMDR también se utiliza para potenciar los recursos individuales y mejorar el funcionamiento cognitivo y emocional. Esto incluye fortalecer las habilidades sociales, fomentar la sensación de seguridad y motivación, así como impulsar cualquier otro recurso que facilite el desarrollo adecuado del paciente.
Nuestros cerebros tienen una capacidad innata para recuperarse de recuerdos y eventos traumáticos. Este proceso implica una comunicación entre diferentes regiones cerebrales, como la amígdala (que actúa como una señal de alarma frente a situaciones estresantes), el hipocampo (que ayuda en el aprendizaje, incluyendo la formación de recuerdos sobre seguridad y peligro) y la corteza prefrontal (encargada del análisis y control del comportamiento y la emoción). Aunque muchas veces los traumas se pueden gestionar y resolver de forma natural, en algunos casos pueden requerir ayuda adicional para su procesamiento adecuado.
Las respuestas al estrés son parte de nuestros instintos primarios de lucha, huida o congelación. Estas respuestas se activan cuando percibimos una amenaza y se desactivan cuando sentimos que el peligro ha pasado. Sin embargo, cuando el cerebro no logra procesar adecuadamente una experiencia traumática, estas respuestas permanecen activas y las imágenes, pensamientos y emociones perturbadoras generan una sensación abrumadora de revivir ese momento una y otra vez, como si el tiempo se hubiera detenido. La terapia EMDR ayuda al cerebro a procesar estos recuerdos y restablece el proceso natural de curación que quedó interrumpido. Aunque la experiencia traumática todavía se recuerda, la respuesta de lucha, huida o congelación asociada a esa situación pasada se resuelve.
El terapeuta experimentado en EMDR debe tener un profundo conocimiento del caso y entender las posibles conexiones entre el problema que el paciente presenta y su historia personal. Basándose en este análisis inicial, se evalúa si la persona requiere una fase previa de preparación para comprender mejor sus dificultades y recursos, adquirir estabilidad emocional y sentirse seguro para abordar las experiencias difíciles que van a trabajarse con posterioridad.
Una vez que se hayan acordado los temas a trabajar, se procederá a abordar cada recuerdo relevante, centrándose en una imagen negativa, una creencia asociada, una emoción y una sensación corporal relacionada con ese evento traumático. Luego se busca una creencia positiva que proporcione un cambio de perspectiva frente a la experiencia.
Las sesiones de terapia EMDR suelen tener una duración de 60 minutos. El EMDR puede ser utilizado como una intervención puntual dentro de una terapia más verbal, como una terapia complementaria con un terapeuta diferente, o como un tratamiento en sí mismo.